viernes, 25 de marzo de 2011

Orla de Cultos

A continuación os mostramos la orla de cultos de la Cofradia para las próximas fechas. Realizada por Ñ Creativa.

jueves, 24 de marzo de 2011

Ese dia....

Amanece y ya sabes que no es un dia igual a los demás.

Bullicio en el ultimo dia laborable de la semana mayor. Se nota que la gente quiere dejarlo todo bien preparado para los días que vienen. Compras de ultima hora, algún que otro capirote. Ese dia es distinto, se siente distinto, se huele distinto. Es miércoles santo y sale la Soledad.

Tras ordenar el cuarto, te empeñas en colocar tu ropa lo mejor que sabes. Recurres a tu madre, plánchame la camiseta con la cual tocare la trabajadera que llevara a nuestra Madre. Zapatillas limpias, calcetines de todos los años, como talismán ante las duras calles. Pantalon de la hermandad y sudadera. Lo tengo todo? No…. El fajin. Todo bien puesto encima de la cama. La medalla que durante el año cuelga, decorando el cuarto y la ilusión y ganas, después de un año, que nunca falta.

Es la hora de comer. Prepárame unos buenos espaguetis con carne, para que no me flaqueen las fuerzas en los momentos duros. Y es terminar de comer con tu familia y amigos, y llegar ese momento de “vestirte”, de volver a sentirte costalero, ese sentimiento único e inexplicable. Citacion, café y pastel, y es la hora de subir a la Merced, a verla, a rezarle y pedirle, que lo hagamos como sabemos, con el corazón y entusiasmo. A su lado nuestro señor de la misericordia, sobrio y elegante como pocos hay.

Ya están encendiendo la cera, ya huele a incienso, nazarenos de ultima hora, todo en orden y el capataz llama para la ultima igualá. Ultimas indicaciones, consejos y animos, para que, de esta manera, pierda él también, los nervios. Los nervios a las trabajaderas, ahí se desaparecen, concentración máxima. Entra la cuadrilla de salida. Suena el martillo.

Que se abran las puertas. Estamos preparados.


miércoles, 16 de marzo de 2011

Mi Amargura


Preciosas imágenes de la Estación de penitencia de la Cofradía de la Oración en el Huerto de los Olivos y María Stma. de la Amargura, de Granada, imagen ésta a la que está dedicada esta gran marcha de Víctor M. Ferrer.

jueves, 10 de marzo de 2011

Mensaje de Cuaresma del Obispo de la diócesis de Guadix-Baza, pronunciado ayer con motivo de la celebración del Miércoles de Ceniza

 Reproducimos a continuación el texto que nos envían desde el Gabinete de Comunicación de la diócesis, cuyo texto es el siguiente:
Queridos hermanos y hermanas en el Señor:
  Hoy, con el rito de la imposición de la ceniza, comenzamos el tiempo santo de la Cuaresma; un camino de renovación interior que nos prepara para celebrar la Pascua del Señor, puestos los ojos en Aquel que es el autor de nuestra salvación, Jesucristo.
  La ceniza sobre nuestras cabezas nos recuerda lo que somos y nos invita a serlo de verdad. Vivir según lo que somos, criaturas de Dios, venidos de la nada y llamados a la existencia por el amor de Dios, exige de nosotros una voluntad constante de conversión, de vuelta al Señor que es, y ha de ser, el centro de nuestra existencia. Pero no pensemos que el cambio interior es cuestión de la sola voluntad humana; es, sobre todo, una acción de Dios en nosotros, que espera siempre la respuesta libre del hombre que colabore con la gracia transformadora.
  No hay verdadera existencia cristiana sin conversión; es la llamada que nos hace el Señor al comienzo de su evangelio: “Convertíos y creed en el evangelio” –lo mismo que se nos dice en el rito de imposición de la ceniza-. La conversión ha de ser una realidad permanente en la vida de un cristiano; no se convierte uno en un momento, y para siempre, sino que lo ha de hacer constantemente, cada día. La conversión forma parte de la dinámica de crecimiento de la propia experiencia de fe. Convertirse en afinar las cuerdas de mi vida para poder cantar el cántico nuevo de una existencia que ha sido creada para la alabanza del Señor en la práctica del amor.
  La Cuaresma, como tiempo propicio de conversión, es la oportunidad que Dios me ofrece de comenzar de nuevo. Si lo pensamos bien, descubriremos la grandeza que encierra esta posibilidad. Hay muchas veces que pienso cómo me gustaría rectificar algo de lo que he hecho en mi vida, volver a empezar en tantas cosas para hacerlas mejor; pues esta es la oportunidad que te da el Señor, comenzar de nuevo, dejar atrás lo que no he hecho bien o he omitido en la práctica del bien. Sería, ciertamente, un error desaprovechar esta oportunidad que se nos da tan gratuitamente.
  La renovación a la que nos lleva la conversión, es renovación de nuestro bautismo. Es la oportunidad de redescubrir el don que recibí  por el agua bautismal, y que me hizo hijo de Dios, me configuró con Cristo, haciéndome coheredero de la gloria y miembro de su Cuerpo que es la Iglesia. Me vienen a la memoria las palabras de Jesús a la samaritana: “Si conocieras el don de Dios”. Hemos de descubrir, o redescubrir, el don de Dios en nosotros, y gozarnos en él. Ser cristiano es algo grande y hermoso, es palpar el amor por el que fui creado y al que estoy destinado; es sentirme amado, experimentar que soy importante porque importo a Dios; ser cristiano es ser agraciado, lo que me llena el corazón de tal manera que necesito decirlo, que los demás lo sepan y puedan experimentar también este gozo que es el gozo de la salvación. Sería un pecado guardarme tanta gracia, privar a los demás de lo que soy y de las posibilidades de lo que puede ser.
  La gracia del bautismo es un surtidor que lo inunda todo, si yo no lo impido con el dique de mi pecado. A esto nos llama la Cuaresma, a romper diques para que la gracia me llene y llene a todos. La Cuaresma no es el tiempo de la negación a todo lo que me gusta, sino dejar todo lo que no es importante para mirar solo a lo esencial.
  En este sentido, la Cuaresma es un catecumenado pascual, como nos ha recordado el Papa, Benedicto XVI, en su Mensaje para este momento, y que podemos seguir a lo largo de los cinco domingos de este tiempo, especialmente en la contemplación de sus evangelios.
  En el horizonte contemplamos una cruz, es la del Salvador; es el signo de que el mal y la muerte han sido destruidos por el amor, de que el amor es más fuerte que la muerte; es la prueba de que los signos de muerte pueden convertirse en instrumentos de vida. Es una llamada a luchar contra el mal y las situaciones de muerte de nuestro mundo con el amor que hemos recibido de Dios; a no quedarnos parados, a no mirar a otra parte, a dejar a un lado nuestros desencantos y apatías, para construir un mundo de hombres resucitados, la civilización del amor que anuncie los cielos nuevos y la tierra nueva en la consumación de los tiempos.
  La Cuaresma es camino, la Pascua la meta. No estamos llamados a quedarnos en el camino sino a llegar a la meta. La noche de la Pascua es el final de camino y el anuncio de la victoria de Cristo sobre el pecado, y su consecuencia más dramática que es la muerte; victoria que es también  la nuestra, porque en Cristo todos hemos vencido.
  Os invito, mis queridos hermanos y hermanas, a vivir la Cuaresma con grandeza de espíritu, abiertos a la acción de Dios que, sin duda, nos sorprenderá, y hará en nosotros, si nos dejamos hacer, obras grandes.
   La Iglesia siempre nos ha propuesto como medios para vivir la Cuaresma, la oración, el ayuno y la limosna; me vais a permitir que os proponga algunas  acciones concretas que responden a estos medios:
  En primer lugar la lectura y meditación de la Palabra de Dios. Leer cada día y meditar un texto de la Palabra de Dios, que pueden ser, incluso, los textos de la misa de cada día.
  La participación en la Santa Misa, a lo que invito muy especialmente a los que no suelen asistir los domingos. Y a la adoración de la Eucaristía.
  Es buen tiempo para tener también algunas lecturas espirituales; desde textos clásicos de la espiritualidad cristiana hasta modernas obra, pasando por las vidas de los santos.
  Un medio muy oportuno es el desprendimiento de algo que me gusta, de lo que puedo prescindir porque no es esencial pero me cuesta –comida, bebida, televisión, Internet, etc.-; huir del juicio, la crítica o la murmuración. En una época en que se multiplican las prohibiciones, yo lo hago por amor.
  Y hablando de amor, la Cuaresma es tiempo propicio para renovar nuestros gestos de amor: compartir los bienes, el tiempo, mis cualidades con los demás.
  Por último, es momento de acercarnos al sacramento de la Penitencia. Os recomiendo confesar vuestros pecados, después de un examen de conciencia serio, profundo, pausado; es un regalo poder descargar ante la misericordia de Dios el peso de nuestras faltas y levantarnos gozoso por la fuerza de su perdón.
  Termino con las palabras del Papa en su mensaje cuaresmal: “Encomendamos nuestro itinerario a la Virgen María, que engendró al Verbo de Dios en la fe y en la carne, para sumergirnos como ella en la muerte y resurrección de su Hijo Jesús y obtener la vida eterna”.
                                            Guadix, 9 de Marzo de 2011, Miércoles de Ceniza.  + Ginés, Obispo de Guadix.

martes, 8 de marzo de 2011

Que empiece la cera a arder.

Pasada la Navidad y el año nuevo, solo nos queda ir restando días para llegar a la Cuaresma. Con ella, vendrá la primavera y con esta, todos nuestros sentimientos mas cercanos y todos nuestros sueños de un nuevo año.
Llegan las noches de ensayo, de reencuentro con todos los que forman por un mes y poco, un todo. Un todo que se mueve al son de marchas de tambor, trompeta y flauta. Un todo amigo, un todo único, responsable y valiente, un todo educado y obediente.
Llegan las preguntas de siempre, del tiempo que va a hacer, de las novedades, de quien hace la salida este año. Llegan los nervios del primer ensayo, de la iguala y la maqueta de marchas a ensayar y de las nuevas que tocara nuestra banda.
Soñamos con ese momento en que la cera se enciende, la hermandad echa a andar y el sonido del llamador, anuncia que otro año mas, salimos a las calles de Baza, para llenarlas de Soledad.
Tiempo de preparación no solo física, sino también interior, con los valores que una cuadrilla de costaleros lleva a su vida diaria. Valores que no se estudian ni se aprenden a base de golpes, sino que hacen que este “todo” se mueva al unisono.
Llega la Cuaresma, marcada por esa cruz de ceniza, que nos prepara para la semana de pasión, para convertirnos, para el ayuno. Esos cuarenta días de meditación para la Gloria, de cultos y carteles, de búsqueda de trajes de nazareno y faja y costal.


Que empiece la cera a arder, que estamos preparados.